Opinión

La Semana Santa que habitaba Arequipa

post-img
DIARIO VIRAL

DIARIO VIRAL
redaccion@diarioviral.pe

En Arequipa de antaño, cuando el tiempo parecía avanzar al ritmo de las campanas y no de los relojes, la Semana Santa se vivía como una experiencia total, donde la ciudad entera asumía un mismo pulso espiritual y cultural. No era únicamente una celebración religiosa: era una forma de habitar la ciudad desde el recogimiento, la memoria y la tradición compartida.

Las calles de sillar, hoy atravesadas por el vértigo cotidiano, adquirían entonces una solemnidad distinta. El silencio no era ausencia, sino presencia. Las familias se preparaban con días de anticipación, no por obligación, sino por una convicción heredada. Se limpiaban los hogares, se organizaban los tiempos, se asumía una pausa colectiva que transformaba la rutina en ritual.

El Jueves Santo marcaban el momento más intenso. El recorrido por las siete iglesias no era un acto turístico ni una costumbre superficial, era una práctica profundamente arraigada, realizada a pie, en grupos familiares, donde cada templo representaba una estación de reflexión. No había prisa ni espectáculo, solo una comunión silenciosa entre la fe y la ciudad.

En ese contexto, la gastronomía también hablaba. Los potajes sin carne, preparados con recetas transmitidas de generación en generación, no eran una simple adaptación religiosa, sino una expresión cultural. Cada plato llevaba consigo una historia, un gesto, una continuidad que reforzaba el sentido de pertenencia.

Sin embargo, esa Semana Santa de antaño no puede entenderse solo como un recuerdo idealizado. También era una manifestación de cohesión social, donde la comunidad encontraba un espacio común más allá de las diferencias. Hoy, frente a la presencia creciente del turismo y la lógica de la inmediatez, esa vivencia enfrenta el riesgo de diluirse en la representación.

Recuperar el sentido de aquella Semana Santa no implica rechazar el presente, sino comprender lo que está en juego. Porque en esas prácticas, aparentemente simples, se sostenía una forma de identidad que hoy resulta más necesaria que nunca. En tiempos donde todo parece acelerarse, mirar hacia esa Arequipa pausada no es nostalgia: es una forma de recordar que la cultura, cuando es auténtica, no se exhibe, se vive.
 

DIARIO VIRAL

DIARIO VIRAL

Periodista en Diario Viral. Comprometidos con la verdad y la información de Arequipa.

Articulos Relacionados