Las declaraciones del alcalde Víctor Hugo Rivera sobre el transporte en Arequipa no solo son decepcionantes, sino que revelan una preocupante falta de liderazgo. Prometer que el pasaje del SIT bajará “si los combustibles vuelven a la normalidad” es, en el mejor de los casos, una ingenuidad política y, en el peor, una burla al ciudadano. El alcalde parece olvidar que su cargo no es el de un analista de mercado, sino el de una autoridad con el poder —y la obligación— de regular, fiscalizar y proteger el bolsillo de la población.
Es inaceptable que la máxima autoridad provincial desconozca el abuso de las tarifas de los informales, ya que “ellos cobran lo que quieren”. Al ver, oír y dejar pasar esto, Rivera no solo admite su incapacidad para poner orden, sino que otorga una suerte de “licencia para el atropello” a los transportistas que operan al margen de la ley. ¿Para qué tenemos una Gerencia de Transportes si la respuesta ante la arbitrariedad es encogerse de hombros?
Mientras el alcalde se escuda en factores externos, la Fiscalía ya ha puesto la lupa sobre su gestión por presunta omisión de funciones. No es para menos. Permitir que el pasaje del SIT suba a S/1.30 —o que incluso se cobre S/1.50 en rutas desatendidas— sin un informe técnico transparente que lo respalde, es claudicar ante la presión de los gremios.
Arequipa está cansada de ser el laboratorio de un SIT fallido que solo existe formalmente para subir precios, pero que en la práctica nos ofrece unidades deficientes y maltrato al usuario. Señor alcalde: gobernar no es esperar a que el precio del petróleo baje en Texas; gobernar es erradicar las “loncheritas” abusivas, hacer cumplir los contratos de concesión y demostrar que en esta ciudad quien manda es la ley, no el caos. Su gestión se está quedando sin combustible y, lamentablemente, los que pagamos la cuenta somos nosotros.